A ser posible sin que sobren piezas al final. La de hoy es una historia cotidiana.
Tienes una vida; quizá no es la que habías creido que tendrías para tí, pero oye, no está mal del todo. Tienes una pareja a la que por desgracia ves poco porque vive lejos, un trabajo que te permite medio-subsistir y que puedes compaginar con los estudios, unos estudios que intentas sacarte, unos padres con los que vives porque no está la cosa como para lanzarse a la aventura, un blog en el que explicas tus aventurillas…y en resumen, eres más o menos feliz y estás contento con tu vida.
Y de repente, esa chica te deja, en conciencia, por estar mejor consigo misma, porque las cosas, sencillamente, no funcionaban…y de repente pasas de ver la vida en primera persona a verte en tercera persona, esparcido en un millón de diminutas piececitas por el suelo. Así que coges, y te concentras en tu trabajo durante el día, y te refugias en lo hondo de un Jack Daniel’s con hielo las primeras noches, porque ayuda a que concilies el sueño casi sin pensar.
Al cabo de poco tiempo conoces a otra chica, casi por casualidad, empiezas a hacerte amigo suyo,reúnes el valor para invitarla a cenar una noche, y la acompañas al salir de la universidad, y salís a tomar un cafe, y la besas, y te besa, y casi sin quererlo, vuelves a estar como al principio de la historia.
Pero no le caes bien a alguien ahí arriba, siempre lo has sabido, le ha gustado ponerte a prueba durante toda tu vida, y ésta vez no iba a ser menos…así que olvidate de ese trabajo que tenías. Ya no lo tienes. De un día para otro, y después de verte las caras durante casi tres años: “pese a que estamos muy contentos contigo, lo sentimos, te cancelamos la beca,en diciembre ya no la tendrás”…gracias por decírmelo el 28 de noviembre, pandilla de cabrones. Lo malo de las becas es que no tienen que avisarte con anterioridad, y que tienen fecha límite. Así que así, de sorpresa, vuelves a estar con la vida patas arriba y en un montón de pedacitos, no por el hecho, sinó por las formas.
Por suerte, nuevas oportunidades llaman a la puerta, y sé que alguien de dentro de donde estaba, ha tenido algo que ver…aunque no sé si de los de mi equipo o no…igualmente, gracias por el cable.
Y esque uno, como buen descendiente de sendos maños, es muy cabezón…y por mucho que la vida lo rompa contra el suelo, tiene el mal vicio de volverse a levantar, coger lo que se ha roto, pegarlo con super-glue, y seguir tirando.
Ad eternum.
Etiquetas: cabezonería, levantarse, Vida
Diciembre 8, 2008 a las 10:17 pm |
Por suerte la vida nos quita unas oportunidades y nos entrega otras, quizá el dolor de lo perdido sea mayor que la alegría de lo que viene, hay que intentar no centrarse en lo malo como tendemos a hacer (me incluyo como la primera), disfrutar de lo que tenemos y sino al próximo vaso de Jack Daniels invito yo o a base de chupitos de tequila, que ya lo tengo olvidado al pobre, con lo que era yo antes… xD.
Tienes algo en lo que centrarte, tienes un chica que te quiere, no lo olvides, unos padres que te apoyan y una carrera que sacarte.
De todas formas los maños no somos tan cabezones como nos pintan, xD.
Diciembre 9, 2008 a las 1:59 pm |
Joé, Gerard, que ascazo ¿no?… que cabronazos.
Pero bueno, por lo que veo no te hacen faltas ánimos, que tú solito tiras palante. Así me gusta. Yo, si quieres, y esperemos que no haga falta muchas más veces, te puedo facilitar el superglue, y apoyo, pero sólo si hace falta.
¡Ámonos palante!
Diciembre 10, 2008 a las 6:24 pm |
Suerte que siempre quedan Voll Damm frías para esos momentos. Justo al lado de los iogurts.
Por cierto, no le gustas por hereje e indecente. Lo sé por los buenos contactos que mantengo ;-P.